Lo que soy se lo debo al ascenso

Mano a mano con Cristian Campestrini, arquero argentino que actualmente defiende el arco de Celaya F.C en México.
¿Toda la vida fuiste arquero?
-Siempre en el arco, desde los 5 años. No me lo voy a olvidar jamás, me pusieron a atajar con los nenes de 10 años, me metían pelotazos en la trompa y ahí dije “esto es lo mío”. Hasta el día de hoy jamás se me cruzó por la cabeza cambiar de posición, hasta en los picados con amigos y los reducidos me peleo para atajar.
¿Qué estereotipo de arquero sos?
-Yo me considero un luchador, un batallador de esta profesión donde no tengo talento pero si tengo mucho trabajo encima, y una autocrítica muy grande, siempre tuve una moral mental que no dejé de trabajar ni un segundo. Hoy con 39 años me preparo y trato de mejorar constantemente, estando de vacaciones me iba a entrenar 15 días a Asunción con un profe que tuve en Olimpia, siempre fui un trabajador porque creo que el trabajo paga. Esto es querer, no hay secretos, tenemos que trabajar y luchar todos los días.
¿Qué significa el fútbol del ascenso en tu vida?
-Yo soy un arquero del ascenso, lo que logré se lo debo a los clubes en los cuales jugué en esas categorías y a Arsenal. Bauza me hizo debutar a los 17 años en la primera de Rosario Central dado que estábamos jugando Copa Libertadores, y al próximo torneo llegaron refuerzos y perdí terreno por el puesto. Tuve la posibilidad de ir a Argentino de Rosario y me fui feliz, tuvimos un gran año y me compró Ferro. Después me llama Caruso que necesitaba un arquero y salir si o si campeón en Tigre, por suerte llegue y se dieron las cosas de la mejor manera logrando el campeonato. Finalmente, me llegó la posibilidad de pasar a Almirante Brown, estaba Blas y también tuvimos un año increíble en el cual pudimos salir campeones, ascendiendo al nacional B. El siguiente torneo, hicimos una campaña terrible en el Nacional, y debido a los incidentes en la final nos descontaron 18 puntos, quitándonos la posibilidad de ascender a Primera. Luego, llegué a Arsenal como tercer arquero, y se dió que por lesiones de mis compañeros, en una semana estaba debutando contra Boca en una final. Pasado ese partido, tuve la posibilidad de atajar durante 7 años seguidos, un total de 325 partidos en el club.
¿Cómo viviste el parate futbolístico post Maradona?
-Me quedé 5 meses entrenando solo con Luciano Giordano, preparándome porque sabía que iba a venir una linda posibilidad y pasó que llegó Everton, con un gran año en lo personal. Fue gracias a esos meses entrenando que no caí anímicamente, vi quienes estaban a mi lado y después tuve un gran año.
Cuando quedé sin club, ese día habré llorado hasta las 2 de la mañana, me dormí y al otro día ya estaba entrenando de nuevo, y me puse el objetivo de ponerme de la mejor manera para volver a jugar.
¿Qué disfrutaste en tu experiencia con la Selección Argentina?
-Yo llego a la selección siendo arquero del ascenso, Diego dijo muchas veces que me seguía de Brown y jugando en primera tenés otra repercusión. Disfrutaba el momento de ir, pero me exigía al máximo. El día que debuté en cancha de Colón estaba como loco, quería entrar y le decía al Diego “Dale haceme entrar” porque me había ido a ver mi papá.
Disfrutaba mucho los viajes, las concentraciones, cada momento. Íbamos con Lisandro López y estábamos en Disney, en ese momento te regalaban 4 pares de zapatillas: uno para el estadio, uno para concentración, uno para entrenar y otro para sentarte a comer (risas). Para nosotros era todo nuevo eso, entrenabamos y al otro día teníamos una remera nueva con etiqueta en bolsa, yo no estaba acostumbrado a eso.
¿Crees que cambio mucho el fútbol desde que debutaste hasta hoy?
-Yo soy de la vieja escuela, del sacrificio y valorar todo. Una vez en Central entrenando con un frío terrible, pleno invierno, fui a utileria a pedir una campera y el utilero se me rio en la cara, me dijo “anda a entrenar nene”, tuve que salir en mangas cortas a entrenar, los codos los tenia como dos hielos (risas). Hoy en día los chicos, en algunos casos, están más relajados, porque tienen las cosas un poco más fácil que en nuestra época, firman su primer contrato y andan en autos último modelo, las marcas les regalan 5 pares de botines, bolsas llenas de ropa, y le pierden el gusto al esfuerzo, al sacrificio.
¿Qué mensaje le das a los jugadores que la pelean día a día en el fútbol argentino?
-Yo siempre digo que el lugar en el que estás para vos tiene que ser el Real Madrid, yo hoy me siento en el Madrid aca en Celaya, lo cuido y lo valoro como eso. Siempre hay tres cosas que me marcaron en mi carrera, la honestidad, el respeto y el trabajo; no se negocian. Vos después podes atajar bien o mal, pero el trabajo siempre paga, hay que trabajar, trabajar y trabajar.
Los jugadores a veces se caen anímicamente cuando tienen que cambiar a un club con menor nombre, pero hay que ir y demostrar que sos el mejor en ese lugar, no hay que quedarse con las palabras. Uno nunca sabe quién lo está mirando, por eso tiene que tratar de jugar lo máximo posible.
¿Cual es tu ritual con la virgen de San Nicolás?
-Mi mamá me había hecho una remera de la virgen de San Nicolás y la use siempre, desde que atajaba en el baby que la usaba debajo del buzo, hasta que llegué a primera. Tengo además una virgencita siempre al lado del palo para que me acompañe, y una remera con la que atajo hace 8 años abajo del buzo, está toda cosida porque se me fue rompiendo con los choques, pero me siento protegido y cuidado.
¿Cómo fue la procesión de 225km en bicicleta?
-Prometí que si saliamos campeones del fútbol argentino me iba a San Nicolás en bici, pensé que lo hacía en 6 horas de taquito, salimos campeones y lo tuve que hacer, tardé 20 horas. Terminé destruido, lo hice todo con una bicicleta playera y el último kilómetro lo hice llorando, me quedaron las piernas de He-Man.
